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martes, 27 de diciembre de 2011

Cuando...






Cuando alcancemos a borrar
el horizonte con los pasos,
y tomemos desde el cielo
una estrella entre las manos.
Cuando los mares del mundo
al fin se hayan evaporado,
y en las arenas del desierto
florezcan rosas en verano
Cuando se anime la luna
a mostrarnos su otro lado,
y los planetas se alineen
en dibujos arrebolados.
Cuando se cansé el sol
de darnos calor y amparo,
y no haya más esperanzas
en un tiempo anestesiado.
Cuando todo eso suceda,
y los sueños sean devorados,
lo único que seguirá intacto,
será mi amor eterno y claro.

                                                    Sindel Avefenix

viernes, 23 de diciembre de 2011

Convocatoria: Este jueves un relato "Un cuento de Navidad"


Hoy no llegué a escribir el cuento, pero no quiero estar ausente en esta fecha, así que al menos quiero dejarles este saludo, porque se lo merecen y necesito hacerlo.

A todos los que me acompañan siempre en este espacio, que me dejan sus palabras, sus comentarios y me visitan, quiero desearles una MUY FELIZ NAVIDAD!!!
Que puedan estar acompañandos por los seres amados, que brinden en paz y con amor, renovando las esperanzas en un futuro mejor.
Brindo por ustedes, por haber tenido la suerte de encontrarlos en este mundo bloggero, a todos, a los nuevos, a los de siempre. Les agradezco mucho todo lo compartido.
Un abrazo gigante y mis mejores deseos, hoy y siempre...
                                                               Sindel Avefenix

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jueves, 15 de diciembre de 2011

Convocatoria: Este jueves un relato "Fotos y cómo surgieron esas fotos"


Bueno amigos, ésta que ven soy yo. Espero que no se atraganten, que no se asusten y que resistan el impacto.
Esta foto no tiene una historia demasiado especial, es la que le mandé a Neogeminis (Mónica) para la tarjeta.
Me la sacaron el último 21 de septiembre, que es, cuando aquí en mi país festejamos el día de la llegada de la primavera. Estaba preparada para ir a un evento especial que auspiciaba Fernet Branca (bebida muy popular en Argentina). Mi sobrina es promotorora y había conseguido entradas VIP sin cargo, y me había llamado para ofrecerme acompañarla. Era una oferta imposible de rechazar, sabía que iba a haber un buen cattering, bebida libre gratis, y buena música, además de concursos y premios. Así que llegué del trabajo, me pegué una ducha reparadora, me produje un poco para disimular el cansancio y fui.
La fiesta estuvo muy bien, apenas llegué participé de un juego y gané una camiseta de verano con el logo de los auspiciantes. Al principio la comida fue buenísima y la bebida corrió sin parar. Con el paso de las horas se fue haciendo todo menos abundante, la gente ya estaba un poco apretada, y hacía calor.
Así que antes de empezar a arrepentirme de haber ido, pegué la vuelta a casa antes de que dejara de ser tan VIP jajajaja.
Espero que les haya gustado la simple historia de cómo surgió mi foto. Acá les adjunto una que tomamos durante la fiesta.

                                               Sindel Avefenix





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jueves, 8 de diciembre de 2011

Convocatoria: Este jueves un relato "Borrachos"


La prueba
Tenía un nudo en el estómago, hacía mucho que no iba a una fiesta. Desde que lo había dejado evitaba asistir a lugares donde corriera el riesgo de encontrarlo.
Los primeros tiempos sin él habían sido un infierno, una lucha constante entre sus deseos y su fuerza de voluntad. Se había jurado a sí misma no permitirle nunca más la entrada en su vida.
Se miró en el espejo. Estaba radiante. Terminó de arreglarse el cabello y salió dispuesta a ponerse a prueba.

Apenas llegó al salón sus piernas comenzaron a perder un poco la estabilidad. Como era de suponer, él no tardó en aparecer. Por todos lados, donde mirara, se topaba con esa tentación. Los demás invitados parecían estar disfrutando mucho de su compañía.
En ese momento sintió que se estaba debilitando, tuvo que debatir rapidamente entre enfrentarlo o salir corriendo hacia la calle. No quería volver a caer en sus garras. Eso sería retroceder muchos pasos hacia atrás, casi hasta el punto de partida de su recuperación. Hizo un repaso mental de los momentos pasados a su lado, se dio cuenta de que habían sido un atajo hacia la nada, demasiado tiempo en estado de letargo y escapando de la realidad. No quería volver a eso, estaba segura. Esa dependencia la había arrastrado a cometer un sinfín de bajezas.  

Respiró profundo, avanzó hacia el bar y pidió una gaseosa con hielo. De reojo, le dio una última mirada y se alejó de su presencia. Con el vaso en sus manos todavía temblorosas caminó para reunirse con su grupo de amigos. Era hora de disfrutar de la fiesta.

Una sonrisa vencedora se había dibujado en su rostro, una vez más, y al menos por otro día había podido vencer su adicción, y dominar la tentación de tomarse un whisky.
                                                                  Sindel Avefenix

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jueves, 1 de diciembre de 2011

Convocatoria: Este jueves un relato "Mascotas"




El pez dorado


Cuando era chico vivía en una casa enorme que estaba dividida en dos partes. Adelante vivía mi abuela materna, con la que tenía una afinidad especial, y atrás vivíamos nosotros.
A los 6 años me encapriché con tener una mascota, quería tener un perrito que me hiciera compañía, ya que era hijo único y me costaba mucho entretenerme. Pero mis papás me dijeron que no. Después les pedí un gatito total no necesitaba tantos cuidados como el perro y también me gustaban, pero nuevamente declinaron la petición. Así fui probando con hamsters, pájaros, y todo tipo de animalitos, hasta que se cansaron y me terminaron convenciendo de que no era necesario tener una mascota para ser feliz.
Mi abuela que siempre me daba todos los gustos, me dio una sorpresa. Me llevó a su casa y me mostró una pecera redonda llena de plantas, y  que en el centro contenía al pez más hermoso que jamás había visto. Era dorado, con una cola enorme y brillante. Me dijo que ella lo tenía ahí para que mis papás no me retaran, pero que lo tenía que cuidar y alimentar todos los días. Era un pez mágico, que tenía vida eterna como el amor que ella  tenía por mi.
Todos los días iba a alimentarlo, le cambiaba el agua, en esa época no había aireadores así que daba más trabajo, pero yo me había encariñado tanto con mi pez que era un placer prestarle atención. Lo único que me llamaba la atención es que a veces la pecera estaba vacía, pero mi abuela me decía que era porque había llevado al pez a encontrarse con sus hermanitos, que al otro día lo iba a traer de nuevo. Pasaron muchos años y el pez dorado jamás se murió.  

Un día a mi abuela la internaron de urgencia y fui a su casa a buscar ropa para llevarle al hospital. En la cocina estaba la pecera vacía, y al lado había una nota recordatoria. Ultimamente la abuela se olvidaba de todo y se anotaba las cosas para hacer y no tener que estar pidiendo ayuda. La nota decía “comprar un pez urgente para poner en la pecera antes que venga Martín”
No pude contener las lágrimas de emoción, tomé la nota y la estruje entre mis manos, se había roto la ilusión pero había ganado algo mejor, mi abuela era un ser especial, que me había enseñado a amar y sentirme amado. Así que decidí  seguirle el juego sin decirle nada. Como sabía que con el tema de la internación se iba a olvidar del pez, fui a la veterinaria y compré uno igual al que tenía. Lo puse en la pecera y lo seguí cuidando los días que ella no estuvo en la casa. Cuando le dieron el alta, lo primero que hizo fue ir directo a la cocina, y preguntarme si había visto la pecera. Le dije que si, que estaba como siempre con el pez mágico en el comedor. En ese momento me miró y pude leer en sus ojos que había comprendido todo, pero se hizo la disimulada y  sin decir nada, me abrazó.  A partir de ese día una tácita complicidad se generó entre los dos.

Hoy ya siendo adulto, y no estando mi abuela conmigo, sigo teniendo en el centro de mi hogar la pecera con el pez mágico dorado, que mis hijos pequeños admiran con extrañeza, porque les conté que iba a vivir eternamente como el amor inmenso que nos teníamos con mi abuela, y que hoy también tengo por ellos.

                                                              Sindel Avefenix




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martes, 22 de noviembre de 2011

Convocatoria: Este jueves un relato "Extranjero e inmigrante"



El pueblo de Kuyén
Con sus enormes ojos negros, Kuyén, miraba desde lejos las topadoras que aplastaban y devoraban todo. Apretó fuerte la mano de su madre, el estruendo que hacían las paredes de su hogar al caer le daba miedo. Su mamá estaba llorando y las lágrimas iban humedeciendo la tierra, esa que tantas veces había recorrido con sus pies descalzos. Los hombres estaban demasiado cansados, heridos y maltratados. Habían intentado resistir hasta que pudieron. Algunos se habían encadenado  a sus casas, otros se habían puesto delante de las topadoras, pero eran pocos, cada vez menos. El hambre, la falta de trabajo y la miseria se los había ido llevando rápidamente. Entre el cólera y la desnutrición el pueblo había quedado casi desierto.
Nadie se había acordado jamás de ellos, vivían como podían, haciendo artesanías con poco para venderle a los turistas, que de vez en cuando pasaban a verlos como si fueran un fenómeno. Lo poco que ganaban lo invertían en semillas que cultivaban, pero esas tierras estaban ya demasiado agotadas para la siembra.  El mal se agravaba de generación en generación, los niños no tenían la oportunidad de ser educados en escuelas, nadie se animaba a dar clases en lugares tan desolados y los maestros que habían puesto el corazón para eso, a la larga terminaban vencidos por el esfuerzo. Cada vez se morían de más pequeños, con las panzas hinchadas de hambre, llenos de enfermedades que se agarraban porque nunca les llegaban las vacunas, los medicamentos, las ayudas.
Kuyén había escuchado a su abuelo, cacique de su tribu, contar que esas tierras habían sido siempre de ellos. Que las habían habitado desde tiempos inmemoriables, y por derecho les pertenecían. Eran nativos de ese lugar y no iba a permitir que nunca nadie los sacara de allí. Pero en la última revuelta  un disparo lo había atravesado salvajemente y ya no estaba más entre ellos.
Habían perdido la fe, y aunque no abandonaron la lucha, nunca los habían escuchado. En la ciudad los habían ignorado por ser aborígenes y los obligaron a entregar sus tierras. Un señor de buena familia había adquirido legalmente ese espacio para invertir con sus empresas en el país que tanto lo necesitaba. Les ofrecieron emigrar más hacia el sur, allí donde el viento corre arrancando la piel y el sol no se ve durante días. Donde la tierra es árida y el frío insoportable. Allí donde ningún ser humano podría vivir dignamente sin trabajo, salud,  ni educación. Les ofrecieron unos pesos para reconstruir sus viviendas, sus chozas, con eso les tendría que alcanzar. Pero jamás les ofrecieron un poco de piedad.
Por eso ésta vez se resistieron, hartos de ser atropellados, estaban dispuestos a dejar  su sangre en aquel lugar, para que cada ladrillo que pusieran los nuevos propietarios estuviera manchado con el dolor de  la injusticia cometida.
No pudieron, corrió sangre, lágrimas, dolor, gritos, y las topadoras no pararon. Algunos se quedaron, no tenían más fuerzas para seguir siendo violentados, desterrados, humillados.
Otros, los más jóvenes y las  mujeres corrieron. Tomaron a sus hijos que era todo lo que les quedaba y huyeron. Antes de dejar atrás esa masacre se pararon a mirar desde lejos como mataban sus recuerdos, como se apropiaban de sus vidas y sus raíces.
Los habían convertido a la fuerza en extranjeros dentro de su propia tierra, y en inmigrantes de un mundo cada vez más lejano de la justicia y la esperanza.


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domingo, 20 de noviembre de 2011

Convocatoria: Este jueves un relato "El grito de los excluídos"


En un mundo lleno de cosas y gente excluída,  quiero dedicar este grito a todo aquello que excluímos porque lo juzgamos con los ojos y no con el corazón.

Susy
Para el  cumpleaños de Fabiana, el papá le trajo de regalo una novedosa muñeca  “Cindy”. Era increíblemente hermosa, rubia, de cabello ensortijado, una carita perfecta, y sus brazos y piernas se articulaban como los de una persona. Tenía la piel suave y muy bronceada. Fabi me la prestó un rato y yo no podía dejar de mirarla, de moverle los brazos, e investigarla. Apenas llegué a casa les pedí a mis papás que me compraran una. Ellos me explicaron que esas muñecas eran importadas,  y que en ese momento no podían gastar tanto dinero porque a papá lo habían despedido de su empleo. Pero si esperaba hasta Navidad, iban a  hacer lo imposible para darme el gusto. Faltaban dos meses para que llegaran las fiestas y  yo no dejaba de soñar con tener esa muñeca en mis manos.
Cuando llegó la Navidad en el árbol estaba mi regalo. No aguanté hasta las doce y lo abrí a escondidas para espiar si era lo que tanto esperaba. Mi mamá, que me vio justito, me dijo que ya que había empezado a abrirlo lo hiciera de una vez. Mis manitos arrancaron el papel plateado y descubrieron una caja que decía “Susy, la primer muñeca articulada nacional”.  La saqué sin respirar. Era más chiquita que la “Cindy”, pero a simple vista estaba bien. Venía vestida con un conjunto que le cubría los brazos y las piernas, y tenía el cabello recogido en una larga trenza rubia. La verdad, no me gustaba mucho lo que veía, pero la llevé a mi cuarto y empecé a observarla mejor. Le solté la trenza y empecé a peinarla, gran parte del cabello se quedó en el peine, ya habíamos empezado mal. Dejé eso para otro momento y me dediqué a sacarle la ropa para ver como era su piel. Me sorprendió ver que era blanca, y se sentía dura y áspera. Sus brazos se articulaban, pero las articulaciones se veían y eso le daba un aspecto monstruoso. Me puse a llorar, la muñeca era espantosa. Me daba vergüenza tener que mostrarle a mis amigas ese regalo. La dejé a un costado sin mirarla y me fui a dormir.
Al otro día, todas las nenas del barrio sacaban sus “Cindy” a la calle para jugar, yo me hice la tonta y les dije que me la había olvidado en casa. Estaban orgullosas de sus muñecas perfectas, las vestían de novia, de princesa, de señoritas. Cuando llegué a casa mi mamá estaba triste, me preguntó por qué no había llevado mi “Susy” para jugar. Me puse nerviosa y admití que no me había gustado, que era imperfecta y muy diferente a las otras, y que si mis amigas la veían se iban a reir de mí. Y esa fue la primera vez que la vi llorar. Me abrazó fuerte y me pidió perdón por no haber podido comprarme la muñeca que deseaba. Me contó que habían tenido que ahorrar mucho para poder llegar a ésta, y que, tanto ella como papá habían estado contentos de poder hacerlo y darme esa alegría. No dije nada y fui a mi cuarto con un nudo que empezaba por apretarme la panza y me subía hasta el pecho. Me senté en la cama, miré a Susy, que tirada en un rincón me miraba con sus ojos celestes y sus pestañas delineadas. La tomé en mis manos y muy despacito empecé a trenzarle el cabello. Le inventé un peinado alto para disimular la parte que se le había salido. La volví a vestir haciéndole un nudo en la blusa que le daba un aire canchero. ¡No había quedado nada mal!  Esa noche la puse en mi cama para dormir. 
A partir de ese día la llevaba a todos lados para jugar. Al principio las demás nenas la miraban con asombro, era diferente, pero al tener las articulaciones expuestas tenía mayor amplitud de movimientos, se podía sentar, cruzar las piernas y mantenerse de pie en cualquier actitud que yo deseara. ¡Era la reina de los movimientos! Me divertía mucho con ella, le hacía vestidos, tocados, y carteritas tejidas. Era mi fiel compañera. Para mi cumpleaños, unos meses después, mi papá ya había conseguido empleo. Me sorprendieron con un regalo que no esperaba, una real muñeca “Cindy”.  Me sentí muy feliz de poder tenerla por fin entre mis manos, pero cuando la mire, supe que jamás podría llegar a ser como Susy, que con todos sus defectos había logrado instalarse en un lugar muy especial de mi corazón. Quizás, porque me había enseñado que aún siendo imperfecta tenía otras condiciones que me hacían feliz.
A medida que fui creciendo, Susy se fue quedando a mi lado.  Cada vez que mi mamá la ponía en el cajón de los juguetes viejos para regalar, yo iba detrás y la rescataba. Hasta que por fin se dio por vencida y terminamos encontrándole juntas un lugar en la repisa donde estaban mis libros de la  universidad.
Ahora Susy,  que está casi pelada y con un brazo menos, ocupa un estante muy especial, entre los trofeos que ganaron mis hijos en la escuela y la foto de mis viejos.

Más gritos de excluídos en:lo de Gastón D. Avale

domingo, 6 de noviembre de 2011

Convocatoria: Este jueves un relato "La pequeña muerte"



Pequeñas muertes, mezcla de gozo y desolación. Algunos la asocian con el placer extremo y lo que viene después. Otros, con las tantas veces en que el corazón se rompe y vuelve a rehacerse.  A veces son necesarias para poder renacer, pero no por ello dejan de ser menos dolorosas.
La pequeña muerte del amor provoca miedo porque nos trae consigo vacío y desolación interior. Y de esa, es de la que quiero contarles hoy.






Intenté extender la agonía sin darme cuenta que mi corazón se iba lacerando lentamente con cada una de las espinas que clavaban las palabras y las decepciones. En ese tiempo extra que me había tomado para negar el final, dejé que se fuera desangrando gota a gota, tratando de contener la hemorragia con cicatrizantes esperanzadores que eran más un placebo que una medicina.
Anduve errante por caminos alternativos para no dirigir mis pasos zigzagueantes hacia ese túnel oscuro que se revelaba frente a mis ojos.  Perdí mi sentido común, escondí las brújulas que me marcaban otro norte y cometí actos de negación.  Fui envolviendo con el manto de la piedad esa mano que amenazaba con darme la estocada final.
El amor me encegueció, me redujo a las cenizas más grises en las que jamás me había convertido. El temor a la pérdida fue más oscuro aún que la pérdida misma. Esa ausencia que me quedaba era el reflejo invertido,  de todos mis sueños rotos y del fracaso de todos los proyectos que alguna vez había tenido.
Me planteé posibilidades, probabilidades, oportunidades. Solo una más…Solo esta…
Y otra vez volví a construir ilusiones con las mismas piezas desgastadas que se habían desmoronado, pero con una base tan débil al instante todo se volvió a caer.
Me puse de rodillas para recoger esas piezas una vez más,  pero ví que se habían convertido en arena. Ya no podía moldearlas ni unirlas, y supe que había llegado el momento de aceptar la pérdida.  Abrí la mano y la dejé correr entre mis dedos por última vez. No hubo vuelta atrás, el mundo se abrió a mis pies y del corazón me brotaron llagas desgarradoras. Lloré, más allá de mis lágrimas. Me derrumbé dentro de mi propio cuerpo. Perdí los deseos, las ganas;  mi alma se escapó y la dejé ir lejos para que no quedara atrapada en este cuerpo mustio. Me prohibí nombres, recuerdos, momentos. Recogí mis alas rotas y las dejé intoxicarse con sus propias heridas para no poder volver a volar nunca más. Me quedé acurrucada en el suelo de mi conciencia, cerré mis ojos a la luz de la vida, y me sumí en la frustración y la desolación de la pequeña muerte. Pequeña o grande, pero muerte al fin.
La estadía  en esa tiniebla destemplada me ayudó a completar el duelo. Con el tiempo, indetenible y arrasador,  empecé a salir del vacío en el que estaba. Mi corazón cicatrizó aunque le quedaron las llagas cerradas pero vulnerables. El alma volvió de su viaje hacia la nada y se instaló con  fuerza naciente dentro mío,  y mis ojos se reabrieron para descorrer las cortinas de la opacidad y dejar que entrara de nuevo la luz de la esperanza.  Me puse de pie y desplegué mis alas con temor. Con asombro descubrí que habían recobrado su textura suave, me dejé llevar por los nuevos vientos, y emprendí el vuelo con una sonrisa nostálgica pero renovada. Había padecido la pequeña muerte, pero había logrado renacer una vez más...
Más pequeñas muertes en lo de Gus

jueves, 3 de noviembre de 2011

Éxtasis




Una luz cegadora irrumpió candente.

Descarga eléctrica, varita mágica.

Convirtió mi piel en erizo de mar,

y mi esencia en caudales de miel hirviente

Entreví en la sombra un vampiro alado.

Colmillos blancos y resplandecientes.

Libo despacio, dulce, callado,

desde mi profundidad mi muerte.

Renací al segundo en lenguas calientes.

Un enjambre dorado llego zumbando,

mil aguijones ígneos me taladraron,

hasta la oscuridad de mi recóndito vientre.

De pronto, un león salvaje, imponente,

apareció entre mi alba y su poniente,

y de su suave melena ensortijada,

mis dedos gancho se aferraron y anidaron.

Mil pétalos de colores nacieron y flotaron

en éxtasis audaz de alaridos aterciopelados

Y  fui reina, diosa, Venus, ave fénix

Todo eso junto, y todo eso separado.

lunes, 31 de octubre de 2011

Rosas negras...


Rosas negras… Afiladas espinas…

Suaves rubíes acuosos se resbalan

sobre semillas vanas cultivadas

y tierras infértiles que no germinan

Sombras deformes, infames desfilan

por las paredes viscosas, desgarradas.

Gotas de ausencias desperdigadas

dibujan decepciones en la neblina.

Garras tensas, prolijas culminan

la obra de arte desmarañada

de palabras hipócritas pronunciadas,

estacas que van perforando estigmas.

Rosas negras… Afiladas espinas...

 Glaciar, nieve, granizo, helada,

emigra rauda el aura desolada,

y  huye cegada hacia la luz mortecina.

jueves, 27 de octubre de 2011

Convocatoria: Este jueves un relato: "HALLOBLOGWEEN 2011"



Pesadilla

Sonó el despertador a las 6.30 como todas las mañanas.
Ana se despertó y entre dormida comenzó la rutina de siempre, el cepillado de dientes, el desayuno y el encendido casi por inercia del televisor para mirar la temperatura. Ultimamente los días solían ser impredecibles y le molestaba cargar con abrigo demás o pasar frío si no iba preparada.
Lo único que emitía el televisor esa mañana era una estática ruidosa que Ana asumió como un problema de conexión de su empresa de cable. Se propuso llamar para hacer el reclamo ni bien llegara a la oficina. Al final decidió ponerse ropa liviana y llevar un abrigo, por si refrescaba.
Salió a la calle, todavía no había amanecido y estaba desierta. Cosa rara porque a esa hora siempre se cruzaba con la gente que iba al trabajo o con los padres que llevaban a sus hijos al colegio. Reinaba un silencio inusual, no había autos ni nada que diera muestras de vida.
Sintió un escalofrío. Las calles eran una desolación.
Con paso apresurado se dirigió hasta la esquina. Lo que vio al llegar la dejó petrificada, se había esfumado todo, la vereda, la gente, el barrio. Un paso más y caería en un abismo vacío y oscuro jamás visto.
Intentó dar la vuelta y correr de regreso a su casa para pedir ayuda.  Antes de que pudiera darse cuenta sintió que su cuerpo empezaba a disolverse, los pies ya le habían desaparecido. Las piernas comenzaban a convertirse en parte del abismo, y ya no sentía las manos. Esa transmutación no le dolía pero la sensación de angustia e impotencia la acompañaron hasta que su último cabello se perdió en esa inexplicable invisibilidad.

Sonó el despertador  a las 6.30 como todas las mañanas.
Ana se despertó agitada y sudorosa, había tenido una absurda pesadilla. Se desperezó, tratando de dejar el mal sueño atrás y comenzar el día. Se cepilló los dientes, y mientras preparaba el desayuno se asomó a la ventana, todavía no había amanecido. La calle estaba desierta, algo la inquietó pero no hizo caso de sus boberías.
Prendió el televisor para mirar la temperatura. Se le congeló la sangre al ver que éste emitía solamente una estática ruidosa.
En ese momento comenzaba la verdadera pesadilla...

Más relatos de Halloblogween en Teresa Cameselle

miércoles, 19 de octubre de 2011

Convocatoria: Este jueves un relato "Mitos, leyendas y creencias"



Cuenta la leyenda que hasta hace algunos años en mi país habitaban personas  que convivían con dignidad y respeto.
La gente se sentía segura de salir a la calle a cualquier hora, no sabían lo que era el miedo de llevar una cartera, una joya o un par de zapatillas nuevas. En los barrios muchas familias sacaban la sillas a la calle para ponerse a tomar mate y charlar con los vecinos. Dejaban las puertas de sus casas abiertas, sin llave, sin trabas, y las ventanas estaban libres de rejas. Si alguien las ponía era a modo de decoración. No se corría el peligro de ser asaltado, o robado, porque los vecinos se cuidaban unos a otros. En la esquina había un policía que era el vigilante del barrio, todas las noches cenaba en la casa de alguien era una manera de agradecerle que estuviera ahí  con frío y calor apartando el peligro. Los chicos salían a la calle a jugar, inventaban juegos distintos todos los días y se criaban entre amigos reales. Los jóvenes podían ir a bailar sabiendo que volvían vivos a sus hogares. La escuela era un lugar de sumo respeto, los maestros eran los segundos padres, tenían la tarea de educar a los niños y se los consideraba figuras importantes y respetables.
Las parejas se enamoraban y se casaban, la meta máxima era formar una familia, si el matrimonio funcionaba bien se juraban amor hasta que la muerte los separe. No existían las vidas paralelas.
En los trabajos se empezaba de abajo, se iba escalando por capacidad o por conocimiento, y si uno no estaba conforme renunciaba y al otro día ya tenía un puesto en otro lado. Se podía ahorrar dinero para convertir casi todos los sueños en realidad, conseguir una casa, o un auto usado, o mejorar la situación en la que se estuviera.
El médico de la familia atendía desde el bebé recién nacido hasta el abuelo. En los hospitales había gasas, jeringas y enfermeros.  Se curaba el empacho, el mal de ojo y hasta se creía que llevando una cinta colorada uno estaba libre de maleficios y envidias.
La familia se unía, se juntaba los domingos a almorzar y después los hombres se iban a la cancha sin temor a enfrentarse con algun barra brava. El futbol era otra cosa, los jugadores movían la pelota por el honor de la camiseta y no por el pase que les esperaba o por la plata que cobraban.
No existía el celular, y muy pocos afortunados tenían teléfono, la gente se hablaba a la cara, si uno extrañaba a un amigo no mandaba un mensaje virtual, iba, le tocaba el timbre y se lo decía.  La comunicación era más tangible y estrecha. No se tenían un millón de amigos como ahora en facebook, pero los pocos que se encontraban permanecían toda la vida.
Todo era muy diferente,  pero por supuesto no pudo haber sido real... Esto es tan solo una leyenda .

Mas relatos de mitos, creencias y leyendas en: Notas desde el fondo de mi placard (Ceci)

miércoles, 12 de octubre de 2011

Convocatoria: Este jueves un relato "Voces"

PORQUE HAY VOCES QUE EN SILENCIO NOS HABLAN. PORQUE HAY VOCES QUE DICEN TODO DESDE LA MIRADA. PORQUE HAY VOCES QUE SON  AHOGADAS POR LA INDIFERENCIA. PORQUE SIEMPRE TENEMOS QUE ESTAR ATENTOS A LAS VOCES DE LOS NIÑOS, PARA QUE NO SEA TARDE Y SE TERMINEN CALLANDO AHOGADAS EN UN GRITO.

A VOS…Que fuiste una  de esas voces...

LA NENA

La mamá la fue a buscar al cumpleaños de su amiguita y  en el viaje hacia su casa le contó que su papá estaba con un amigo muy querido esperándolas para cenar.  Le dijo que se llamaba Oscar y que se iba a alegrar mucho de conocerla porque siempre le habían hablado de lo hermosa e inteligente que era su nena.
Cuando se abrió la puerta del departamento lo primero que vio fue a su papá que venía a recibirla y que orgulloso le presentaba a ese gigante  desconocido que la miraba con cariño. El hombre se levantó de la mesa y vino directo a saludarla. La estrujó tanto que los globos que había traído del cumpleaños se le escaparon de la mano, le dijo que era mucho más hermosa de lo que le habían contado, y que a partir de ahora iban a ser amigos.
A partir de ese día, las visitas de Oscar a su casa empezaron a ser más frecuentes, generando una confianza y un afecto especial con sus papás y con ella misma.  Una mañana Oscar vino de visita y le pidió permiso a sus papás para llevarla a pasear, iban a ir a la Exposición Rural para ver todo tipo de animalitos y comer cosas ricas. La nena aceptó entusiasmada, pensando que iba a ser un paseo genial.

En el camino Oscar se mostraba cariñoso, y la miraba de una forma que para sus diez años le resultaba diferente a cualquier otra mirada. Cuando llegaron al lugar pararon a mirar los animalitos de granja.  Había un tumulto de gente,  y para que no se perdiera, Oscar la puso delante de él apoyando su cuerpo enorme contra el de ella para protegerla de todo.  Cada vez estaban más cerca. Esa proximidad  le decía que ese hombre que decía ser su amigo estaba haciendo algo malo, pero no podía saber  lo que era, su mente de niña no podía ir más allá de sus territorios conocidos, y esto era algo nuevo que decididamente no le gustaba. Por fin, y después de muchas paradas en el camino repitiéndose la misma situación,  terminó esa tarde que había empezado bien y había terminado con cierto desasosiego.
Cuando llegó a su casa no cenó, sus papás le preguntaron muchas cosas que no tuvo ganas de responder, no notaron nada, pensaron que estaba cansada y la mandaron a dormir.  No pudo.
Con el paso del tiempo y las constantes visitas de Oscar,  tampoco pudo volver a concentrarse en estudiar, salir a jugar, ni pudo dejar de pensar en que cada vez que ese hombre estaba cerca, le hacía lo mismo.  
Incluso en su propia casa buscaba excusas para quedar a solas con ella en su habitación y acariciarla como señal del gran afecto que le tenía. No había nada de malo en ello. Al menos eso era lo que  Oscar le decía, entre besos más cerca de la boca que de la mejilla.
Un domingo  Oscar llamó por teléfono  para preguntar si la podía llevar al cine. Por supuesto su papá aceptó, últimamente estaba con poco trabajo y no podía darse el lujo de llevarla a pasear tanto, así que viendo que era una buena oportunidad, le concedió el permiso.
Durante el desayuno  la nena se puso a llorar, y le  pidió al papá que la dejara quedarse en casa con alguna amiguita. Pero él no la escuchó, se enojó y la llamó desagradecida. ¡Encima que la llevaban a todos lados sin pedir nada a cambio, ella se hacía la difícil!
Se calló, secó sus lágrimas y se preparó para salir, una vez más… Esta vez fue diferente. 
Oscar le dijo que se había olvidado las entradas del cine en su casa. Le llevaría solamente cinco minutos recogerlas, pero tenían que pasar por ahí a buscarlas.
Llegaron a la casa, no había nadie.
Le hizo sacar el abrigo y le dio unos papeles para que le hiciera un dibujo mientras él buscaba las entradas, eso sí, nada de sentadita, la mejor posición para dibujar era estar arrodillada en la silla y apoyar el papel sobre la mesa, así los dibujos salían más lindos.
A los pocos minutos ya estaba detrás de ella. Despacio empezó a hacerle caricias sobre la ropa, ella sentía esa respiración agitada sobre la nuca que siempre la asustaba tanto. Sentía pánico, pero no se animaba a decir nada. Esas manos enormes ya habían abandonado el lugar donde estaban y se deslizaban bajo la tela de su ropa interior despojándola de todo, y lastimándola con furia y desesperación.
Gritó, como nunca había gritado.
Nadie la escuchó…
Nunca la habían escuchado…

MUCHOS MAS RELATOS DE VOCES EN:  EN ESTE RINCON DEL MUNDO... y en Gustavo en micro

sábado, 8 de octubre de 2011

No puedo seguir así...




No puedo seguir así,
perdida en mi irrealidad,
no quiero…
Niego que existís,
juro que te olvidé,
y miento…
Escondo mis lágrimas desde el alma,
para que mis ojos se mantengan secos.
Nadie sabe que estas ahí,
agazapado en  mi piel,
renaciendo  cada minuto que te pienso.
Estas en mi desolación interior,
esperando como una fiera hambrienta,  
el momento exacto de mi desvelo.
Y este dolor absoluto de tu ausencia
se instala traicionero en mí,
llegando como una estaca que viene
a poner de una vez fin a tanto tormento.
Pero no remata va entrando despacio,
disfrutando el placer sádico de penetrar lento
A su paso deja heridas profundas.
llegando cada más cerca de mi pecho.
Hasta que el dolor se hace insoportable
y se hace imposible respirar
Y ya no importa nada, me anestesio…
Sigo así, negando, ocultando, mintiendo.
Fingiendo que no estás.
Haciéndote invisible a los demás,
pero imborrable en mis recuerdos.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Convocatoria: Este jueves un relato "Idolos"

ídolo
Figura de un dios al que se adora.
Persona o cosa excesivamente amada o admirada.




 Cuando era chica todos mis amigos tenían algún ídolo al que admiraban. Algunos eran artistas, superhéroes, o deportistas. Juntaban figuritas, compraban muñecos y todo lo que les sirviera para mostrar el orgullo que sentían por ellos. Yo, en cambio, tenía mi propio ídolo que no era nada de eso, pero que tenía de todos un poco. ¡Lo admiraba tanto!
Desde que tuve uso de razón comencé a elevarlo por sobre todos los demás. Me encantaba estar a su lado y observarlo mientras hacía sus cosas. Trepada a sus rodillas, y metida como un ratón en todos lados le iba alcanzando todo lo que le hiciera falta. De su mano aprendí a cocinar, a escribir versos, a tallar, a arreglar la plancha, colocar un enchufe y hasta a enduir las paredes para después pintarlas. Si tenía una duda en las tareas del colegio, esperaba a que llegara y él con su paciencia infinita me la resolvía. Sabía hablar de cualquier cosa y explicar todo en su justa medida sin una palabra de más ni una de menos.
Los sábados ibamos al cine a ver películas de extraterrestres, de terror, y de vez en cuando al circo. Los domingos, eran otra cosa, íbamos a la cancha a ver a Racing, a veces a Ferro, cualquier excusa era buena para gritar un gol. Era una de las pocas nenas que iban a la cancha, pero eso lo hacía más especial todavía. Desde mi pequeña altura lo veía como un gigante, un oso que me abrazaba todas las noches cuando llegaba del trabajo, brindándome una sonrisa cariñosa y una golosina escondida en una de sus enormes manos. Era perfecto, querible, y el mejor de todos los papás que alguien pudiera desear.
Cuando fui creciendo, y a medida que ese ídolo fue cometiendo errores comprendí que su parte humana era mucho más real que todo aquello que yo había divinizado. Aquel hombre perfecto, un semi dios para mi mirada inocente, que estaba siempre presente y constante, se fue convirtiendo en un padre ausente, cada día más despreocupado, y con un humor insoportable. Hasta que, de un día para otro nos dejó a la buena del destino, cerró la puerta y se fue sin mirar atrás. 
Con una mochila cargada de enigmas sin resolver, me quedé esperando que volviera, y en esa espera vana e interminable, su figura gigantesca, elevada por mi necesidad de idolatrarlo, empezó a desmoronarse a mis pies poco a poco hasta convertirse en una decepción triste plagada de ausencia.
Hoy, ya siendo adulta y habiendo superado el abandono, me pregunto como una persona así, con tanto brillo se puede volver en un instante tan opaca. Y la respuesta está ahí mismo, frente a mis ojos, en la pregunta misma. "Justamente, porque siempre fuiste una persona, viejo, nunca fuiste un dios, ni un ídolo, eso fue algo que yo me había inventado. Fuiste lo que pudiste, y al irte de casa, quien sabe porque, elegiste llevarte lo mejor de vos, y dejarnos esto."



MAS RELATOS DE IDOLOS EN: EL BALCON DE CAS

sábado, 1 de octubre de 2011

A pesar

Te seguiré buscando,
a pesar de la vida,
y aunque pasen mil años

Te seguiré mirando
a pesar de lo oscuro
y aunque estés tan lejano

Te seguiré nombrando
a pesar del silencio
y aunque el grito sea acallado.

Seguirás tan unido, a mí,
como siempre
en todos mis espacios.
Y a pesar del destino
seguirás estando.

Te seguiré esperando
a pesar de las horas
y aunque sea solo en vano.

Te seguiré tocando
a pesar de la ausencia
y aunque sangren mis manos

Te seguiré llorando
a pesar del orgullo
y aunque me quede sin llanto

Seguiré tan unida, a vos,
como siempre
por fuertes lazos.
Y a pesar de tu olvido
te seguiré amando.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Este amor



Este amor se me escapa de las manos

como un soplo aventurado de cenizas

y se va volando lejos, tan a prisa

que no da oportunidad de rescatarlo.


Este amor se me queda apuntalado
como una espada certera que aterriza
sobre mi pecho herido , y como brisa

me deja en este hueco oscuro y desolado.


Este amor que mi alma había tomado

como el motivo real de mi sonrisa
hoy es la lágrima cruel que se desliza

en fracaso, por haberse resignado.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Simulacro


Si alguien mira mis ojos
no puede percibir en ellos
ni un rastro reciente de lágrimas,
ni un indicio oscuro de duelo.
El dolor ya está  instalado adentro,
en el fondo mustio de mi alma
donde nadie sospecha  de heridas
ni de llantos llorados en silencio.
Solo yo sé mis verdades calladas
y el secreto de mis tristes lamentos.
Te sueño, te siento, te recreo
no quiero despertar de esta magia
se me escapa el ensueño si amanezco
Te busco, te extraño, te deseo
Tapo el sol  de tu amor con una mano
se me cuela tu luz entre los dedos
Te reemplazo, te lloro, te reinvento
doy a otros cosas que no puedo
se me llena de  vacio  el pecho
Te suelto, te libero, te dejo
Huyo de todo con pasos apurados
se me enredan los pies en el intento
Te amo, te odio,  desespero
resucito mi corazón que aletargado
se niega a latir si no te tengo.

Silencio


No hay una respuesta más terrible e implacable que tu silencio.

Es un choque contra una realidad inaccesible, impenetrable. 

Esperaba, de algún modo, poder recepcionar algo  escondido en esa oquedad sonora, en ese abismo falto de expresiones que me lleva a pensar, y repensar en cual será su verdadero mensaje.

¿Será acaso un anuncio confuso entre la duda y la certeza de algo que se termina así, enmudecido y letal?

No puedo esclarecerlo, va dejando con el correr del tiempo esa espina lastimera, que me hunde en la miseria de ser impotente frente al hielo de tanto desinterés.

Intenté durante horas entender su significado, desentrañar su eco mortífero que  taladra mi inconciente, pero es un precipicio oscuro donde caigo buscando respuestas calladas que jamás serán descifradas.

Por más que invadan mis razonamientos las suposiciones y las teorías, son tantas posibilidades y probabilidades en ese pequeño espacio vacío, que deja de ser cuerdo mi pensamiento y quedo anestesiada. Hasta que logro comprender  que este mutismo inviolable es la clara confirmación de que por tu lado no habita ni siquiera el más mínimo deseo de engendrar una palabra que me devuelva la paz que perdí , el orgullo herido que resigne y la necesidad de recuperar  mi dignidad.

Y a la larga esa mudez inaccesible deja entrever el aura de tu indiferencia, la inexpresión de alguien que me sumerge sin piedad en esa fría oscuridad de la ignorancia, donde dejo de existir y paso a ser, tal vez, recuerdos borrosos en un mundo donde los vocablos y las réplicas se esfumaron tras el fantasma del olvido y la infimidad.