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martes, 28 de agosto de 2012

Caída




Resistí hasta donde pude, cerré mis puños con furia para no soltar  la soga que me ataba a ese infierno disfrazado de cielo.
Las heridas de mi esfuerzo dibujaron surcos profundos en mis palmas, pero no me resignaba a lanzarme al vacío de tu ausencia. Hasta que la sangre que manó de ellos hizo que me deslizará lentamente hasta la punta misma de su fin. Abrí mis manos, ni siquiera le presté atención al dolor que latía entre ellas, había otro dolor más profundo que me apuñalaba por dentro.  
En un último intento de despedida miré hacia arriba. Mientras iba cayendo, vi los jirones de mi piel  que flotaban en ese lugar que se convertía en pasado.  
Perpetué en mis retinas las imágenes de tantos años pasados.  Resonaron en mis oídos las risas, las palabras y sellé en mis labios los besos ahogados. Me tatué  cada huella que habían dejado tus manos en mi cuerpo, incluso aquellas que me habían lastimado.
Y caí… estrepitosa e inevitablemente, sobre el suelo irreverente de tu traición y tu olvido.
Sindel Avefénix 

miércoles, 22 de agosto de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato en 150 palabras"Fotografía inspiradora"



Hoy María José nos invita a imaginar de la mano de esta fotografía, esto es lo que me salió en 150 palabras ni una más ni una menos :)

El último café 

El humo del café sobre la mesa del bar esfuma  la mirada de tus ojos negros que miran implacables a los míos, enrojecidos por el llanto.
Levanto la taza tratando de humedecer mis labios para sentír algo que me devuelva la calidez que me quitaron tus besos. El silencio entre nosotros se agiganta, y después de un largo momento que se hace eterno, lo rompen mis palabras.
Te pregunto por qué, desde cuándo, y cómo pudiste hacerme esto.
El café está frío como el corazón que escondes tras tu coraza. No decís nada.
Los años que vivimos se evaporan en el mismo instante en que te levantas de la silla, y te vas, sin dar una sola explicación y sin emitir ni una palabra.
Ya no quedan rastros del hombre que tanto amé.
Ya no hay humo, ni café, ni calidez.
Dos tazas vacías sellan un final que no esperaba.

Sindel Avefénix

Más relatos fotográficos en lo de: María José

martes, 21 de agosto de 2012

Encuentro




Nunca había visto a una mujer tan triste…
La expresión de su rostro refleja una pena que solo ella conoce.
Observo su mirada cansada y lejana. Sus ojos brillan, pero no tienen luz. Solo el reflejo  irisado del agua que incansablemente brota de ellos.  Sus lágrimas inmensas, cristalinas,  van rodando desenfrenadas sin encontrar un destino.  
Me mira en silencio y siento que me está llamando desde esa oscuridad profunda en la que está prisionera.
Todavía no logro reconocerla, es la imagen del dolor más intenso que jamás haya percibido. 
Detrás suyo puedo ver como su alma la abandona; el aura brillante que alguna vez fue su vida se esfuma lentamente y ella se torna, a cada instante, más opaca.
Desesperada alza  su mano temblorosa  y sosteniendo un pañuelo empapado, la extiende hacia mi  pidiendo que la rescate.  
Reacciono , algo dentro de mí me anuncia que tengo que salvarla, y en un acto de redención extiendo mi mano. La acerco para tomar la suya y así traerla de nuevo a la vida.
Casi inmediatamente siento como mis dedos chocan en un  golpe gélido contra el espejo.

Sindel Avefénix

miércoles, 15 de agosto de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "El calor"



Fue el peor de todos los veranos, febrero de 1999.
Hacia muy pocos días que nos habíamos mudado al departamento nuevo, era en un piso doce, y recién cuando lo habité me di cuenta de lo caluroso que era. Tenía ventiladores de techo y con eso se podía pasar un poco más el infierno en el que ardía Baires.
La temperatura no bajaba de los 40 grados, la humedad provocaba que las paredes transpiraran y todos estábamos de muy mal humor, porque era imposible tener un buen descanso nocturno. Solamente los afortunados que tenían aire acondicionado lucían un poco más frescos sus rostros.
Una tarde se cortó el suministro eléctrico. Cuando me asomé por la ventana me impresionó ver que todo el barrio estaba a oscuras. Pasaron varias horas y la energía no volvió. Nos fuimos a dormir con un calor desesperante y la luz de las pocas velas que teníamos guardadas.  Al otro día el barrio seguía igual, la gente se notaba cansada.  Cuando volvimos a la tarde después del trabajo la situación era la misma.. Subimos por la escalera y al llegar nos dimos cuenta de que no teníamos agua corriente para ducharnos ni cocinar. El freezer  y todo lo que habíamos comprado para el mes estaba descongelado. La angustia empezó a crecer, pusimos una radio a pilas y ahí escuchamos que se había incendiado una estación de energía muy importante debido al exceso de consumo de energía, y que no se sabía cuando lo iban a reparar. Pedían paciencia. Tuvimos que tirar toda la comida, los negocios vendían las velas a precios super inflados, nadie tenía nada fresco para beber, ni donde ducharse, porque el agua no llegaba a las casas. La comida escaseaba porque las heladeras de los supermercados tampoco funcionaban. Mandaron camiones de gendarmería a repartir botellones, la gente se peleaba por el agua. La vida seguía y ya no se soportaba la situación. Las calles estaban llenas de basura, de gente que no quería volver a sus casas. Prendían neumáticos en las esquinas para reclamar. Nadie nos escuchaba y como todo, al sexto  día de vivir así, la paciencia se acabó. El caos en las calles fue total.
El fin de semana y  ya en estado de desesperación le propuse a mi marido irnos a la casa de su hermano en la provincia, necesitábamos descansar, ducharnos dignamente y tomar algo fresco. Nos fuimos un sábado y volvimos el domingo porque el lunes teníamos que volver a la normalidad de los horarios. Esa noche mientras dormíamos, volvió la luz. No sé si por el agotamiento, la impotencia que había sentido, o todo lo que habíamos pasado en esos días, me senté en la cama y me puse a llorar.
Sindel Avefénix

Más historias calientes en lo de: María José

lunes, 13 de agosto de 2012

Te amé tanto...




Profundo, agudo, inesperado…
Apuntaste sin piedad  tu dardo más venenoso  directo al núcleo de mi ser.
Sabías que me ibas a tomar desprevenida, me había sacado la coraza, dejándola caer a tus pies cuando miré tus ojos y me adentré en busca de tu alma.  Recién ahora comprendo que no la tenías.
No me diste tiempo para atajar el disparo, ni siquiera el necesario para presentirlo ni sospecharlo.  Me atravesó tu traición y el veneno se inyectó despacio aletargándome los latidos, recorriendo a través de mi sangre cada uno de los rincones en los que estabas anidado, infectando uno por uno cada recuerdo, cada espacio, cada beso guardado.  Se esparció en cien mil partículas corrompidas borrando las palabras sostenidas, los juramentos hechos,  asolando sin anestesia  todo el amor que se había engendrado en mis entrañas.
Y  de inmediato el dolor llegó,  hasta la intensidad más absoluta de todos sus portales, ni el alarido más estruendoso que jamás haya emitido mi garganta podía darle significado a su medida. Así que callé… El silencio que emanaba de mi boca era mucho más doliente que cualquier sonido. Llegué a sentir como crujían las partes de mi corazón que estallaba en pedazos, infinitos, irrecuperables. Mis pupilas se empañaban con la acidez de las lágrimas que pedían tan solo un poco de redención. Una explicación para justificar tan cruel castigo.
Y así, destruida en todos los sentidos y los modos en que se puede  lacerar a una persona, me rendí…  Respeté tu falta de coraje, tu crimen innecesario, y pensé:
- ¿Por qué?  ¿Qué fue lo que te inspiró para hacerme semejante daño?  Si yo te amé… Te juro por mi vida, esa con la que te ensañaste, te juro, que te amé tanto…

Sindel Avefénix




domingo, 12 de agosto de 2012

Sensaciones




La luz que desafía a las sombras
Las sombras que ocupan el corazón
El corazón que fermenta la sangre
La sangre que traiciona la razón
La razón que empuja la locura
La locura que macera el dolor
El dolor que engendra la palabra
La palabra que escupe la voz
La voz que reprime el grito
El grito que pide compasión
La compasión que gesta el frío
El frío que incuba  la desolación
La desolación que llora la ansiedad
La ansiedad que clama redención
La redención que lava las heridas
Las heridas que dejan el adiós.

Sindel Avefénix

miércoles, 8 de agosto de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Recuerdos, sueños o pensamientos"






Hacía mucho tiempo que la rondaba ese mal pensamiento. Pero esa mañana era diferente, no podía dejar de macerarlo en su mente. Tenía que elaborar un plan, algo que la librara de ese infierno en el que vivía.
La noche anterior  las cosas habían llegado demasiado lejos. Sus brazos eran un campo minado de moretones nuevos y todavía podía sentir el sabor metálico de la sangre en su boca, la hinchazón en su ojo derecho,  y  el ardor del desgarro en sus zonas íntimas.
Puso en  una taza un saquito de té de tilo tratando de alejar esas locas ideas,  sabía que era imposible librarse de él a no ser que...
La pava silbó anunciando que el agua hervía. Se despabiló unos minutos pero apenas volvió a sentarse a la mesa de la cocina un aluvión de recuerdos, todos nefastos,  la invadieron. Recordó el temor que sentía cuando se acercaba la noche,  nunca sabía cómo iba a terminar. A veces podía descansar  pero otras, las más usuales,  él llegaba con ese olor ácido del alcohol barato, propinándole  insultos sin motivo,  golpes  y el después.
Libraba  una batalla constante contra su dignidad, hacía esfuerzos que nunca le daban buenos resultados, y que incluso provocaban en el otro más excitación.  Las últimas veces había optado por quedarse inmóvil, recibiendo los golpes como si fueran caricias, y las violaciones con los ojos cerrados, dejándose llevar lejos, soñando que algún día las cosas iban a cambiar.
El timbre del teléfono la hizo pararse de un respingo, estaba sensible a todo, al levantarse sintió un tirón en la espalda y se acercó al aparato con dificultad. Una voz extraña le dio la noticia.  Se desplomó en la silla sin decir nada, del otro lado la voz le decía que lo sentía mucho, le preguntaba si estaba bien y si había comprendido lo que había pasado en el accidente. Respondió que sí, pidió los datos del lugar donde tenía que ir a reconocer el cadáver de su marido, y colgó.
Todos sus malos pensamientos se disiparon, sintió que tenía la mente vacía y en paz.
 Por fin sus sueños se habían convertido en realidad.

Sindel Avefénix

Más recuerdos, sueños o pensamientos en la casa de:María José

domingo, 5 de agosto de 2012

Hoy volvi a mirar sus ojos





Hoy volví a mirar sus ojos porque soy impertinente.
A escondidas y  sin que lo note,
quise ver más allá de ellos.
Qué es lo que guarda en sus retinas,
qué recuerdos tuyos acarrea.
Hoy volví a mirar sus ojos, porque soy curiosa. 
A hurtadillas, y  sin que lo sepa,
quise ver si existía algún retoño de sospecha.
Un dejo de preguntas sin respuestas,
un brote de incertidumbre que los oscurezcan.
Hoy volví a mirar sus ojos, porque soy insistente.
 A solas, y sin que lo perciba.
Quise ver si en ese mundo que encierran
existe algún indicio de mi existencia,
algún rastro del perdón que no merecemos
por  el daño que estamos haciendo.
Hoy volví a mirar sus ojos, porque soy culpable
A oscuras , y a sabiendas…

            Sindel Avefénix

miércoles, 1 de agosto de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "El tiempo en los tiempos"




Dos historias al mismo tiempo 

06.55 hs. 
Mary abre los ojos y al ver  la hora que destella en  el despertador se levanta de un salto. Se había quedado dormida.  La panza ya no la deja descansar bien,  tiene  ganas de orinar todo el tiempo y siente que miles de cuchillos le atraviesan la cintura. Se viste lo más rápido que puede para alcanzar el autobús  de las 07.30, tiene que  llegar a tiempo al control con su obstetra, es definitivo, hoy le van a realizar su primer monitoreo fetal.
Apenas llega a la estación ve el autobús que está por salir. Ya está lleno de gente, pero una chica que está  sentada le cede el lugar. Se desparrama en el asiento, no se siente  bien, tiene una hora de viaje hasta el hospital municipal, y desea llegar cuanto antes.
07:00 hs.
Juan no durmió en toda la noche, se pasó cada minuto repasando mentalmente los pasos a seguir para que no le falle el plan que viene perpetrando hace meses.
Es un golpe que las voces le ordenaron que tiene que dar, aún a costa de sacrificar su vida. Valía la pena. Iba a quedar perpetuado en los libros de historia como el atentado más inesperado y sangriento de la ciudad. Ve que son las 07.05 y empieza a prepararse. Se ducha y comienza a pegarse con cinta uno a uno los explosivos al cuerpo. Había preparado una camisa algo amplia para vestirse, hacía calor, vestido así  nadie sospecharía lo que iba a hacer.
Había confirmado que el autobús que salía de la estación a las 07.30 pasaría por su parada a las 08.15, era el que más gente transportaba ya que  pasaba en el horario de inicio laboral de la ciudad. Y ese era su objetivo, ningún otro, solamente ese. Toma el detonador inalámbrico, le pone el seguro y  lo mete en su bolsillo. Sale caminando lento hasta la parada a esperar el autobús donde cumpliría con la misión de su vida.
07:55 hs.
Mary comienza  a sentir un dolor agudo en la espalda, le tiemblan las piernas y su vientre se mueve desgarrándola por dentro. Está bañada en sudor, y aunque quiere disimular su estado para no dar lástima, no logra pasar desapercibida. Una señora mayor la ve y se le acerca, le hace unas preguntas y después de tomarle el pulso y la continuidad con la que le vienen las contracciones, le pide a los gritos al chofer del autobús que vaya  al primer hospital que encuentre en el camino, ya que el bebe no se va a hacer esperar mucho más.
08:10 hs.
Juan ya está en  la parada, le sudan las manos. Empieza a rezar, se encomienda a sus dioses personales, se despide de las voces y les dice que su misión está por terminar. Siente una mezcla agridulce de miedo y felicidad. Ve venir el autobús, tal como lo había estudiado a las 08:15 hs  en punto. Levanta la mano temblorosa y  le hace la señal de parada, el autobús baja la velocidad. Su corazón empieza a latir con velocidad, la adrenalina le corre por las venas. Cuando el autobús  se acerca la puerta de ascenso está cerrada, sin frenar el chofer le hace señas para que espere el de atrás y sigue su marcha.
Juan no lo puede creer, ve irse el autobús repleto de gente, lo corre, lo insulta, se tropieza y cae sobre un desnivel que hay en la esquina.  No le  puede estar pasando esto, este no es el destino que las voces le prometieron. Un hombre le extiende la mano para que se levante, en el esfuerzo por hacerlo solo no sé da cuenta de que el hombre está uniformado de policía.  Al levantarse se da cuenta que entre el tironeo y el tropiezo se le habían abierto varios botones de la camisa. El policía lo mira con asombro, no puede creer  lo que tiene debajo de la ropa. Con la ayuda del  vendedor de diarios, que había estado mirando la escena atonito, lo inmoviliza y pide inmediatamente refuerzos.
09.00 hs.
El autobús llega al hospital, previa parada para atender  a Mary entre todos ya que no tuvo tiempo de aguantar las contracciones. La bajan  y en sus brazos está el bebé, envuelto en la camisa del chofer que lo trajo a la vida.
Todos aplauden, en la televisión ya se había difundido la noticia del intento de atentado, y la detención del loco que lo había planeado.  Ese bebé llegó a la vida salvando  a toda esa gente de la muerte. Mary está  atontada por toda la situación y no deja de besarlo. Ella todavía no había elegido un nombre para ese hijo que había venido sin pedirlo, pero que ahora la hacía sentir agradecida por venir a su vida.  Entre todos deciden ponerle de nombre Salvador.
En otro plano del universo,  en ese mismo momento  dos figuras imponentes, una llamada vida, y otra llamada muerte, acaban de terminar de jugar una partida de ajedrez. 
- ¡Jaque mate! -gritó  la vida.
- Felicidades amiga,  tal vez la próxima no tengas tanta suerte -respondió la muerte.
Y se fueron juntas riéndose a carcajadas las dos al mismo tiempo.
                        Sindel Avefénix

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